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La desaparición de los Abogados independientes amenaza el Derecho y la Libertad

El abogado es esencial para que pueda existir un Estado de Derecho. Es cierto que un mal abogado es el cómplice indispensable de toda tiranía y que un abogado mediocre puede ser ruinoso para sus defendidos. Sin embargo el abogado que cumple con su deber nunca puede ser mediocre y siempre será el enemigo nato de toda tiranía.

Por eso el comunismo, apenas se apodera de un país suprime a todos los abogados que merezcan el nombre de tales y subordina a sus intenciones políticas a todos los graduados de las escuelas de leyes que usurpan el título de abogado, aunque legalmente tengan el derecho formal de usarlo.

Hay que tener en cuenta esta introducción para entender la gravedad de lo que está ocurriendo en Inglaterra. El gobierno socialista de Blair ha iniciado una reforma de las costumbres y leyes que rigen la profesión de abogado en Inglaterra y Gales anulando la autorregulación de que éstos gozaban bajo la dirección de The Law Society y del General Council of the Bar.

El Ministro de Justicia de Blair, Lord Falconer, anunció en un discurso ante la Law Society que su gobierno ha resuelto designar un Comisionado para controlar la forma en que dicha Asociación resuelve las quejas de los litigantes contra los abogados con facultades de imponerle multas millonarias en libras.

La revista de la American Bar Asocciation (nro. Diciembre, 2003, pags. 16/8) informa que este es el primer paso hacia una modificación total del ejercicio de la profesión de abogado en ese país que consistirá en:

1) Liberalizar la abogacía permitiendo que Estudios contables, incluyendo las gigantescas empresas de auditoria como Price Waterhouse y otras, los Bancos, las compañías de seguros y hasta las empresas comerciales, puedan prestar servicios legales.
2) Permitir que los grandes Estudios se conviertan en Sociedades de capital y vendan acciones a inversores.
3) Quitarle a The Law Society y al General Council of the Bar los poderes regulatorios que actualmente tienen sobre los abogados y reemplazarlas por un organismo gubernamental.

Estas tres reformas son suficientes para modificar profundamente el ejercicio de la abogacía en Inglaterra y Gales. A partir de su vigencia, potencialmente, habrá desaparecido la independencia de los abogados. La política del gobierno de turno influirá decisivamente sobre las decisiones que los abogados deban tomar en el desempeño de sus funciones.

Al mismo tiempo, aún cuando el fenómeno que preveo en el párrafo anterior no ocurriera (lo cual es casi imposible), al permitir que los Bancos y las grandes empresas puedan ofrecer servicios legales los abogados independientes deberán enfrentar la competencia ruinosa de estos gigantes económicos. Éstos pueden gastar millones en propaganda y hacer creer a la gente que el respaldo financiero de que gozan es una garantía de buen servicio.



Y por último al permitir que los grandes Estudios se capitalicen con fondos del mercado los convierte en empresas comerciales de expansión ilimitada. Los pequeños y medianos Estudios, que son generalmente los garantes de la tradición jurídica y de la independencia frente al poder y a los intereses dominantes, perderán una gran parte de su clientela, sino toda, a manos de estos Estudios.

Si todo esto ocurriera, como creo que inexorablemente ocurrirá a la larga como consecuencia de esas reformas, una enorme parte de la civilización cristiana habrá caído en pedazos. En efecto, a pesar de lo que dicen los volterianos y otros "comefrailes", el derecho de defensa es uno de los pilares básicos de esa civilización heredado del derecho romano.

Ahora bien el derecho de defensa es de casi imposible realización si no hay abogados independientes, no sólo del Estado sino también de los grandes intereses, movidos por un gran sentido del honor, que asistan en su ejercicio. Nadie puede conocer las leyes ni las prácticas procesales sino un abogado. Y quien no las conozca es como un soldado que sale a la batalla desarmado.

Los únicos abogados independientes son los que no dependen de nadie (valga la redundancia) y que sólo responden a su defendido, a Dios y a su conciencia.

Un abogado que es empleado de un Banco o de un Estudio que cotiza en Bolsa, deberá seguir las instrucciones de sus empleadores o inversores, aunque él diga mil veces lo contrario y jure y perjure que no es así. Si para algo sirve mi experiencia de 44 años de abogado la pongo entera como respaldo de esta afirmación.

Es posible que a quienes no son abogados les parezca exagerado lo que digo más arriba. Pero es exactamente así. La Historia enseña que las Naciones libres siempre tuvieron abogados independientes que hasta pagaron con su vida la defensa del Derecho. Y la implantación de una tiranía es coincidente con la desaparición de los abogados libres. Cicerón, decapitado por la tiranía de los césares, es el ejemplo más conspicuo.

La tiranía de los grandes intereses modernos no es menos exigente y destructiva de la libertad que la de los césares. Un foro dominado por estos intereses o por la política no es digno de ese nombre. Es repugnante.

Si a eso le sumamos el favoritismo escandaloso de los gobiernos "democráticos" que privilegian permanentemente a los abogados que sirven a sus intereses, la asociación de los grandes capitales a la corrupción política que les lleva a preferir a los mismos abogados y la total carencia de ética de esos abogados, tránsfugas de Estudios tradicionales o advenedizos con buena entrada en los despachos oficiales, tenemos un foro de poca calidad en el que los pocos abogados independientes que quedan son una especie en extinción.

Alguien podrá objetar: "¡Cómo una especie en extinción si todos los años se reciben cientos de abogados!"

Es verdad pero esos nuevos graduados entran a un foro con esos vicios destructivos de la independencia y de la sabiduría jurídicas y sólo tienen tres opciones: aceptarlos o no tener trabajo o tener un trabajo miserable.

Dr. Cosme Beccar Varela
Publicado en La Botella al Mar

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